Tu gato está haciendo un sonido extraño

para Edgar (@edogaart)

Tu gato está haciendo un sonido extraño. Abre la boca y suena como la estática de la tele. En realidad no es tu gato, sino de tu roomie, pero le tomaste tanto cariño que lo consideras tuyo. Y ahora está haciendo un sonido extraño que nunca habías oído salir de ningún gato que hayas conocido pero hey, tal vez eso es algo que los gatos hacen, ¿sonar como la tele en un canal muerto? Tampoco habías conocido un gato que le silbara a las aves antes y este lo hace. Te preocuparías más por el gato pero estás ocupado teniendo un ataque de ansiedad porque el vato de la escuela que te gusta no te contesta los mensajes. Subió un GIF de él a sus historias de Instagram. Sale fumando hierba en una pipa que armó con una manzana. Traía un pantalón de cuero negro y nada más, su piel morena resplandeciendo bajo el sol gracias a una ligera capa de sudor. Repetiste la historia varias veces y sin darte cuenta ya le estabas escribiendo. “Saca el toque”, decía tu mensaje, que no se tardó nada en ver pero que una hora después todavía no contestaba.

¿Tal vez está demasiado pacheco para contestar? Igual y no son tan cercanos para que le digas que saque un toque o puede que no tenga toques que sacar. Podrías estarte toda la tarde así, ya lo has hecho antes, pensando mil veces las cosas, azotándote en el piso y alimentándote de falsa esperanza, siempre basándote en suposiciones. Pensar a veces es un vicio, piensas. Decides apagar el teléfono y ponerte a dibujar, que es lo que deberías estar haciendo en primer lugar. Tu gato, mientras tanto, continúa haciendo ese ruido de estática a un volumen cada vez más alto. No se ve mal el minino, si acaso demasiado quieto, como concentrado.

Abre una última vez la boca, inundando toda la habitación con ese ruido horrendo y luego todo termina. Quiero decir todo. El ruido termina pero también ¿todo a tu alrededor? Ya no estás en tu habitación, eso es seguro. Todo está blanco y tu gato flota al centro. Entonces tu gato dice algo sobre una guerra intergaláctica, con una voz súper adorable, exactamente la voz que tendría un gato. Dice algo sobre una guerra intergaláctica que amenaza a todos los gatos de la Tierra y que tú, Edgar, precisamente tú, habías sido seleccionado para ser el campeón que nos salvará a todos. Tu gato (que, te das cuenta, en realidad no te pertenece) se eleva frente a ti y te pone su patita en la frente. Luego hay una luz y apareces en una especie de nave espacial cayendo hacia la Tierra.

Puedes ver tu casa desde ahí mientras bajas. El gato (¿los gatos?) te había puesto una armadura espacial de batalla incluso. Aterrizas en el centro de tu ciudad y te da vergüenza estar ahí parado con esa cosa tan brillante puesta. La gente te fotografía y te mira con curiosidad, ya te imaginas en el noticiario local con tu expresión  de timidez visible incluso detrás de la armadura, que, por cierto, es sorprendentemente cómoda. Entonces llegan. Cientos de platillos voladores disparando lásers de todos colores. La ciudad se ilumina con esos estroboscopios letales y música techno empieza a sonar inexplicablemente de algún lugar. Es momento de actuar. Usas todo tu arsenal. Los cañones laser y las bombas de tu nave con forma de gato. Luego, cuando bajan, los combates con tus garras afiladas y tus disparos de energía sin darles tiempo de reaccionar. Te mueves con gracia y agilidad por entre los alienígenas, esos bichos verdes como cucarachas radioactivas de dos metros. Las naves siguen llegando y los bichos le apuntan a las personas de tu ciudad con armas que se ven, de alguna forma, igual de asquerosas que ellos. Parte de tu trabajo es defender a la gente. Ya sabes, protegerlos de escombro que cae del cielo por acá, cubrirlos de los disparos con tu escudo de plasma con forma de gato por allá.

Al parecer la invasión es a escala global. Los gatos del mundo, en su infinita sabiduría alienígena, seleccionaron a un pequeño ejército de mujeres y maricones para que defiendan el planeta. Tiene que ver con el influjo de la Luna, o al menos eso dijeron desde alguna televisión mientras te rifabas el físico contra los invasores.

Estás a punto de acabar con ellos, la música techno deja de sonar (¿de dónde salió de todas formas?) cuando lo ves. Al principio no le encuentras la forma y piensas que es cascajo extraterrestre, luego descubres que son sus pantalones de cuero y sus botas, igual que en la historia de Instagram, retorciéndose debajo de los restos de una pizzería. Levantas los escombros con tus rayos de gravedad. Su ropa está toda rota y lo alzas tomándolo por sus brazos que son enormes y te hacen pensar en tanques de guerra. Le preguntas que si está bien y todo eso pero te es imposible ocultar que estás nervioso, eso él lo huele como los tiburones a la sangre. Te dice algo como hey, bonitx, qué valiente que eres. Te preguntas cómo hizo para pronunciar la equis con tanta naturalidad, pero eso es parte de su encanto. Te quitas el casco para revelar tu identidad y tu cabello cae como una cascada oscura hasta tus hombros. Tus ojos resplandecen con glitter, no te lo pusiste tú, apareció cuando los gatos te transformaron. Tienes tanto qué agradecerles, piensas ahí parado frente a él. Entonces te mira a los ojos y te pregunta por tu nombre. Eso te deja helado. Te sientes tan expuesto.

“¿No te acuerdas de mí?”, le preguntas. “De la escuela”, le sugieres para ayudarle. Se queda callado un rato observándote hasta que por fin te suelta: “¿A qué escuela vas?”
No podrías sentirte más desolado. Te quedas ahí parado, incómodo, sosteniendo tu desintegrador de Hello Kitty sin saber qué hacer con tus manos. Te excusas inventando que tienes que irte o que el mundo te necesita, y jamás miras atrás.

Video y Música por @edogaart increíble persona vayan a ver su Instagram ya