Rulo en la ciudad de los monstruos

Una canción de cumpleaños para Rulo aka Alejandrae True Connection

Tu perro, Randy, fue el primero en oírlos.

Estabas con él en su paseo matutino en algún parque de por tu casa y te pareció extraño verlo tan inquieto arañando el piso desesperado, como buscando un lugar para enterrarse a sí mismo. Pensaste que tal vez se acercaba un temblor y te preparabas para correr cuando los escuchaste: era un chillido como de animal herido si el animal en cuestión midiera 20 metros. Era un gemido sobrenatural pero tan cercano, como salido de una pesadilla muy vieja y que te dejó paralizado. Luego escuchaste los gritos de la gente y los viste corriendo en desbandada.

Tu celular estaba lleno de mensajes de advertencia: “No salgas de tu casa, Rulo. Los monstruos tomaron la ciudad”. Era demasiado tarde.

Randy, para todo su tamaño y peso, estaba demasiado asustado para reaccionar y tuviste que cargarlo. Encontraron refugio en una fonda de comida corrida que cerró la cortina metálica justo cuanto terminaste de pasar. Adentro había oficinistas y amas de casa con niños de uniforme escolar, todos aterrados, llorando o sudando a gotas mientras rodeaban un televisor viejo.

En la tele, la verdad, los monstruos no se veían para nada impresionantes. Era como un desfile de disfraces. Las cámaras lo habían captado todo: La Cosa del Pantano dejaba un rastro de algas verdosas e intentaba volcar un puesto de tacos. El hombre mosca succionaba el cerebro de un niño mientras su aterrorizada madre luchaba inútilmente por quitárselo. Un alien con brazos de tentáculos destrozaba con su rayo láser a las familias que paseaban por la Alameda. Godzilla luchaba contra King Kong por trepar la torre latinoamericana. La ciudad estaba tomada por los monstruos.

Algo en los monstruos te pareció extraño. Llevaban cierre. Todos ellos, invariablemente, tenían un zipper en algún lugar como si fueran trajes de una mala película de ciencia ficción de los cincuenta. Pero nadie parecía notar este detalle. Ni siquiera el panel de mediums, videntes y especialistas en monstruos que aparecían en el noticiario discutiendo todo este asunto del fin del mundo.  

Carlos Trejo, que se veía inusualmente contento, especulaba que los monstruos habían salido de la tierra para castigar a los degenerados, una consecuencia de ese estilo de sodomía, placer y perdición que había tomado de sorpresa a la vida nocturna del Distrito Federal. En algún momento señalaba a la cámara y sentías como si te estuviera apuntando a ti, culpándote de todo.

Mhoni Vidente tenía o fingía tener visiones en ese momento. Hablaba en lenguas con voz demoniaca y aunque ninguno entendía latín, parecía bastante claro que los monstruos eran un castigo para los homosexuales. Aleks Syntek, mientras tanto, en un enlace directo desde la cárcel, culpaba al reguetón de todo.

En medio del fin del mundo te preguntabas cómo estaría Gustavo, esa inocente criatura a la que llamas hermanx. Estaba a unas cuadras de distancia pero era tan distraído que seguramente tu amiga no se había dado cuenta que la ciudad estaba infestada de bestias del infierno o de alguna mala película de ciencia ficción. ¿Cómo estarían el resto de tus amigos? Te disponías a sacar tu teléfono para contactarlos cuando algo comenzó a golpear o más bien a arañar con garras monstruosas la cortina de acero del local. Los comensales comenzaron a apretarse al fondo. Tú, con tu extraña suerte, lograste escapar junto con Randy por la ventana del baño mientras una hormiga gigante (a la que también se le veía el cierre) se abría paso y devoraba a la gente.

Resultado de imagen para giant ant movie

Randy seguía sin cooperar y debías cargarlo como si de un bebé enorme se tratara.  Así corriste de regreso a casa en donde esperabas encontrar el mismo reguero de cadáveres que había por toda la ciudad. En cambio, cuando llegaste a Agrarismo te topaste con un silencio espectral. Todo estaba sospechosamente silencioso. Subiste las escaleras cargando a Randy que temblaba de miedo y no había ninguna señal de pánico o de vida. Te detuviste en la puerta de tu casa, con el peluche de tu llavero en la mano.

Algo estaba mal. Randy, que estaba en tus brazos, volteó lentamente a mirarte y dijo “Oriéntate por favor, amiga”. La puerta se abrió y casi te vas de espaldas cuando viste que adentro de tu departamento todo estaba lleno de monstruos. Tus amigos estaban también adentro, muy tranquilos, sosteniendo velas.

Todos gritaron feliz cumpleaños, incluso los monstruos.

Todos estábamos ahí. Ahí estaba Perla, con su pelona rapada que se sentía agradable al tacto, rodeada de pieles falsas. Joe tan bien arreglada parecía escapada de las páginas de una revista y mientras caminaba no pudiste evitar notar que su sombra era la larga sombra de un gato. También estaba Gustavo, risueño y distraido, flotando unos centímetros arriba del piso. Y ahí estaba Ayax, observando todo desde atrás. Randy se bajó, se colocó entre tus amigos y entre los monstruos, y empezó a cantar las mañanitas. Luego todos nos unimos y cantamos para ti.